miércoles, febrero 21, 2007

La distancia que de pronto nos unió

He tomado una cucharada de rabia que me hiela la sangre, que me lacera el pensamiento y me indigesta el alma.
No he sido capaz de entender a la muerte. Me duele. Me irrita. Me martiriza la razón.
(Estoy ausente, me cuesta trabajo seguir escribiendo esto...)
En las últimas horas me he enterado de 4 muertes. Hombres todos ellos, padres de familia de contemporáneos míos.
Y me revuelco entre la soledad de mi concepción de muerte, y aunque mi fecha festiva favorita sean los días de muertos... rechazo el no haberme desarrollado bajo ciertas ideas que aligeraran esta impotencia que sujeta.

Detesto no saber qué decir ni qué hacer cuando alguien muere. Detesto que sea un abrazo el que intente consolar.

Lamento tener estas ataduras conceptuales... son iguales al miedo: apestan, detienen, desplazan, pueden más que la luz...


Odio sentir la ausencia.

Foto: Mariana B.