Incoherentes (II parte).
- No tienes por qué creerme.
- No te creo nada.
- Lo sé, pero lo he pasado fatal.
- ¿En verdad? Creí que estabas de maravilla.
- Sé que te juré que tendríamos una plática.
- Sí, y yo sabía que no la tendría. Pero no me quedaré esperándote. No te espero.
- Sé que me he equivocado.
- Sólo quiero poner un punto final, porque esto está más que concluído.
- Tenemos que hablar. Estás de acuerdo que este no es el momento.
- Y no lo habrá.
- Es como encontrar algo que tenía perdido hace mucho tiempo.
- ¿Qué cosa, yo?
- Sí, y lo peor es que sigue perdido.
- Estoy perdido.
- No podemos ser dos los perdidos.
- Yo me encontraré.
- ¿Para ti o para otras tantas más?
El chico que bebe licuados de tristeza sólo bajó la mirada y el silencio entre los dos se hizo más grande. Ella abrió los brazos, no pudo contener más la distancia. Se abrazaron y los segundos les decían que ahí no existía más tiempo. Se soltaron y ella comprendió que eso había sucedido antes, no en ese momento, ni meses antes... tal vez en un tiempo que ninguno de los dos recuerda.
- No llores chica suicida.
Y los ojos cristalinos de ella no soltaron ninguna lágrima, estaba caminando por el borde una vez más, dispuesta a saltar pero ya no existía el precipicio que los tragos amargos creaban.
"Whit arms wide open, I show you everything"

Foto: "Impulsívamente te veo y no me miro". -Paulo César.



<< Home