lunes, diciembre 20, 2004

Curioso elemento... el tiempo

Post dedicado a Diego C.A.S.

"¿Cuántas veces convertiste mis penas en alegrías?"
Cuando la tristeza y el dolor toman el lugar de la felicidad.... ¿Por qué sucede? Con esta pregunta me encontré un día de éstos, hecha por mi amigo Diego. Dicen que la persona a la que más quieres...y que más te quiere es aquella capaz de hacerte los peores daños. Y claro, porque es aquella a la que le confías todo tu cariño, tus ilusiones, tus sueños, tus alegrías .. y de repente ZAZ... atraviesa con su mano fría tu piel, tus venas y arterias que hacían circular la sangre llena de vida y esperanzas, lacera tus tejidos hasta llegar a aquél músculo... representante simbólico del mausoleo de tus penas...el corazón.
Nunca he creído que es en el corazón en donde se albergan los sentimientos... ¿qué hay de la vista?... qué pasa cuando se cruza por tu camino ... ves a esa persona... y toda una mezcolanza de emociones y pensamientos se generan en tu cerebro. ¿qué hay del olfato? cuando recuerdas su olor... cuando encuentras algunas ropas con un recuerdo de su presencia. Las manos duelen al no poderla acariciar... al sentir a esa persona.. inalcanzable. ¿por qué relegar todo esto al corazón? ¿por qué cuando esa persona empieza a ser tu vida?
todo esto no lo escribo para que llores, tampoco para que te hundas. Te lo escribo porque sé cómo te sientes amigo. Cuando crees llegar al fondo y "se aparece un nuevo abismo" del que nadie te saca, lo sé. Y como ya te lo dije... todo es tan malo hasta el punto que tú lo permites.

Hablas de indiferencia... la conozco... es el mejor escudo contra todo...sea bueno o sea malo. A la indiferencia no le importa. Sólo sé que es como un alambre de púas con el que te cubres... te rodeas para que nada te haga daño... el día que decides quitártela, también te hieres. Oh indiferencia... santo consuelo ficticio, el peor sentimiento del humano.
Querido Diego...(y va pa' todos los que se sientan un tanto parecido)... no pretendo consolarte con esto, sólo te puedo decir, amigo mío, que yo sí le he confiado mis males al tiempo. Cuando los minutos en su ausencia se hacen siglos... parece ser que no es el mejor remedio. Pero hay ese mismo tiempo para pensar en ti y descubrir que aún hay buenas cosas por la cuales vivir... no es bueno dejarse sucumbir.
Ánimo.
¿Qué tan dispuesto estás a seguir sufriendo?
Cánsate de eso...